Piezas de aluminio de una Ducati, tratadas para mostrar dos acabados distintos partiendo del mismo estado inicial.
Llegaron sin tratar, con la superficie oxidada y opaca. Tras la preparación se llevaron al pulido a espejo, que es el segundo estado que ves en la comparativa: el aluminio recupera el brillo y refleja como un cristal.
Sobre ese mismo trabajo se aplicó después el cromado en parte de las piezas. Y aquí está lo interesante del caso: el cromado solo puede salir bien si el pulido previo está bien hecho. El cromo es una capa muy fina que no rellena defectos, sino que los copia y a menudo los hace más visibles. Todo el trabajo de pulido que se ve en la segunda imagen es, además de un acabado en sí mismo, la base del cromado.
Es una decisión que se plantea en muchas restauraciones: pulido o cromado. El pulido mantiene el aspecto del aluminio y luce el material; el cromado protege más y respeta el acabado original de las piezas que salieron cromadas de fábrica.