Piezas de aluminio preparadas mediante chorro de arena, el punto de partida de casi cualquier restauración.
Llegaron con óxido y restos de tratamientos anteriores. El chorro de arena proyecta un abrasivo a presión que arranca todo lo que no forma parte de la pieza y deja el metal desnudo, con una rugosidad uniforme.
Con aluminio hay que dosificar. Es un material blando que se deforma con facilidad, y un abrasivo demasiado agresivo deja una superficie que luego cuesta mucho recuperar. La elección del abrasivo y de la presión es lo que separa un buen arenado de una pieza estropeada.
El acabado mate uniforme que se ve aquí sirve como base para pulir, cromar o pintar, y en algunas piezas se deja tal cual como acabado final.